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La familia Camacho-Manzo celebra 12 años de tacos y gorditas

La Taquería Fast se ha convertido en una institución en el norte de Buncombe

La familia encargada de Taquería Fast al norte de Asheville (de la izquierda a la derecha) madre Gladys Manzo, hijas Gladys y Natalie y padre Roberto. En el recuadro abajo sale hijo Roberto.

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La familia encargada de Taquería Fast al norte de Asheville (de la izquierda a la derecha) madre Gladys Manzo, hijas Gladys y Natalie y padre Roberto. En el recuadro abajo sale hijo Roberto.

Roberto Camacho disfrutaba tanto cocinando carne asada en su domicilio en Asheville los fines de semana que empezó a venderla en las canchas de fútbol.

“Casi fue como una aventura”,  recordó Camacho de esa época, cuando trabajaba en una fábrica en el Condado Madison, al norte de Asheville, después de mudarse a Carolina del Norte desde California.

Por más de dos años, el natal de Guadalajara manejó las más de 20 millas desde su casa en Asheville a las canchas en Hendersonville, un gusto personal que dio inicio a la Taquería Fast.

Desde su sede en 175 Weaverville Hwy en Asheville, además de una lonchera que se estaciona en Garrison Branch Road, en Weaverville, el restaurante se ha transformado casi en una institución para las comunidades del norte de Asheville, Woodin y Weaverville.

Como al principio, Taquería Fast es una empresa familiar, donde Roberto y su esposa Gladys Manzo se han ganado la vida.

Todos los hijos del matrimonio han trabajado con sus padres, incluso Katarina, que actualmente es estudiante universitaria en México y Natalie, que después de graduarse de la secundaria North Buncombe este junio, se unirá a su hermana.

El hijo de 12 años de edad de Camacho, también con el nombre de Roberto, ayuda a su padre los fines de semana a cobrar a los clientes de la lonchera.

El vehículo todavía se estaciona cerca de la fábrica Aravato Digital, que a una vez empleaba a docenas de hispanos, que se convirtieron en leales seguidores de la familia Camacho-Manzo.

Gladys, de 6 años de edad, está esperando su turno, pero mientras ve caricaturas en el televisión los sábados mientras Natalie trabajaba como mesera.

“Mucha gente creo que es fácil”, opinó Camacho. “Pero no es tan fácil. Hay que echarle ganas, aquí estamos metidos como esclavos.  Las personas creen que tener un negocio es sacarse la lotería pero es una esclavitud. Empezamos de abajo para arriba”, acotó.

Manzo recalcó que en el transcurso de los 12 años, el negocio casi todavía está cobrando los mismos precios como el día de su apertura.

“Mucha gente reciben su cuenta y con sorpresa pregunta, “¿Es todo?

“Hemos estado aquí por 12 años, porque los clientes están contentos y porque mis hijas me han apoyado mucho”, expresó la mexicana. “Yo he echado muchas ganas porque estoy aquí de 12 a 14 horas todos los días y no he dejado caer el negocio”, concluyó.

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